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HISTORIA DE CARAVACA DE LA CRUZ

 

 

Los restos humanos más antiguos encontrados en el término municipal de Caravaca son los restos paleolíticos del denominado yacimiento de la Cueva Negra, donde se sitúa la presencia de fuego más antigua del Paleolítico europeo. (Ofrecemos la posibilidad de realizar una visita guiada por las pedanías de Caravaca de la Cruz y conocer lugares de relevancia internacional como la Cueva Negra o la Ermita de la Encarnación)

Los primeros asentamientos ubicados en la actual ciudad, datan entre los años 2.400 y 1.950 antes de Cristo, como se puso de manifiesto gracias a los estudios efectuados por arqueólogos de la Universidad de Murcia y de la Dirección General de Bellas Artes de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, que concluyeron que junto al actual núcleo urbano caravaqueño hay un enterramiento calcolítico, el cual es considerado el mayor enterramiento prehistórico de la Península y uno de los mayores de Europa.

De etapas más recientes son destacables otros restos arqueológicos que se pueden encontrar en el municipio, como los situados en la pedanía de La Encarnación, donde se encuentra, en lo alto de un cerro, el Santuario del mismo nombre construido sobre los restos de un templo romano del que se puede apreciar la estructura.

(Ofrecemos la posibilidad de realizar una visita guiada por las pedanías de Caravaca de la Cruz y conocer lugares de relevancia internacional como la Cueva Negra o la Ermita de la Encarnación) 

A partir de la Edad Media el núcleo urbano de Caravaca se convirtió en un cruce de caminos por su ubicación estratégica entre el Reino de Granada y el castellano Reino de Murcia, así como por la proximidad de la Corona de Aragón. La capitulación de la taifa de Murcia mediante el Tratado de Alcaraz en 1243 consolidó el dominio de la Corona de Castilla y convirtió a Caravaca en un enclave fronterizo cristiano frente Al-Andalus, lo que hizo que tras la sublevación mudéjar de 1264 su fortaleza se encomendara a la Orden del Temple hasta 1312, siendo reemplazada por la Orden de Santiago tras unos años en que fue realengo. Bajo los santiaguistas Caravaca se convirtió en cabecera de una amplia jurisdicción que abarcaba desde Ricote hasta Yeste.

 

 

Mientras que en el siglo XIV vivió una profunda crisis como consecuencia del peligro fronterizo y de las epidemias de peste que casi despoblaron la comarca, tras la caída de la frontera oriental de Granada en 1488 vivió una importante expansión que la convirtió a finales del siglo XVI en el tercer núcleo más poblado del Reino de Murcia con 7.000 habitantes, tras la ciudad de Murcia y Lorca.

 

SIGLO XVI - LA LLEGADA DE LAS ÓRDENES RELIGIOSAS

En el siglo XVI, tras el final de la Guerra con Granada, Caravaca de la Cruz vio aumentar su población considerablemente, alcanzando los 9.000 habitantes al final de la centuria. En este incremento también jugaron un importante papel las nuevas roturaciones de tierras. Con la conclusión del conflicto, y atraídos por la reliquia de la 'Vera Cruz', fueron numerosísimos los asentamientos de órdenes religiosas que se producen en la villa en este siglo. En 1532 llegaron los Hermanos de San Juan de Dios, los franciscanos hicieron lo propio en 1566 y los jesuitas arribaron en 1570. Por su parte, las carmelitas de Santa Teresa se asentaron en 1576, fundando el Monasterio e Iglesia de San José; seguidas de los jerónimos en 1581; y los frailes carmelitas de San Juan de la Cruz en 1586, fundando el Convento e Iglesia de Nuestra Señora del Carmen.

 

CARAVACA DE LA CRUZ BARROCA - SIGLOS XVII Y XVIII

Los primeros años del siglo XVII trajeron epidemias que diezman a la población, pero fueron rápidamente superadas, estabilizándose el número de habitantes. Continuaron asentándose órdenes religiosas en Caravaca de la Cruz, como la Orden de Santa Clara en 1609, y prosiguieron creciendo también los recursos agrícolas y ganaderos. En 1617 comenzaron las obras del Santuario de la Vera Cruz, que permanecía hasta entonces en una capilla de la Torre del Homenaje. Dichas obras concluyeron en 1703.

El siglo XVIII vio aumentar nuevamente la población en una villa en la que el Concejo, sus cargos municipales y la propia Orden de Santiago funcionaban de manera precisa. En 1730 se construyó el pórtico principal del Santuario, la cárcel se inició en 1737 y el Ayuntamiento en 1743. La construcción del Templete, por su parte, comenzó en 1762. Ante tal fiebre instructiva no es de extrañar que se produjera en la ciudad un auge del nivel artístico y de los monumentos de la misma. Este fervor constructivo llegó, incluso, a los detalles más ornamentales y a los retablos de iglesias y conventos.

 

 

SIGLO XIX - EL PODER DE LAS DESAMORTIZACIONES

   La centuria decimonónica comenzó en Caravaca de la Cruz, al igual que en el resto de España, con la Guerra de Independencia ante el invasor francés. Se creó en la villa una Escuela Militar para Jóvenes, lo que no impidió el paso de las tropas napoleónicas, que asolaron la comarca. En el intento de remediarlo fueron instalados 16 cañones en lo alto del Castillo, el cual estuvo a punto de ser destruido por los franceses.

   Tras la contienda bélica no cesaron, sin embargo, los conflictos en Caravaca de la Cruz entre liberales y absolutistas durante el reinado de Fernando VII (1814-1833). Durante el reinado de Isabel II, las desamortizaciones de Mendizábal (1836) y Madoz (1856) tuvieron gran repercusión en la comarca ante la gran cantidad de bienes eclesiásticos existentes en la misma, incluidos los de la Orden de Santiago. El destronamiento de Isabel II y la proclamación de la I República en 1873 fueron acogidos con entusiasmo por la población, como también lo fue la Restauración Borbónica con Alfonso XII. La población caravaqueña aumentó nuevamente en esta centuria, llegando a los 15.000 habitantes y teniendo como causa principal de retroceso las epidemias de cólera y fiebre amarilla. Se reavivó el panorama socioeconómico, gracias a la celebración de ferias periódicas y a las actividades agrícolas, ganaderas, artesanales e industriales.

 

 

 

SIGLO XX - EL ROBO DE LA VERA CRUZ

   Los episodios políticos al comienzo de esta centuria, tales como la proclamación de Alfonso XIII como Rey en 1902, la instauración de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera en 1923 o la proclamación de la II República en 1931 fueron vividos intensamente en Caravaca de la Cruz, que ostentaba el título de ciudad desde el año 1849. Sin embargo, en 1934 tuvo lugar un trágico suceso en la ciudad, el robo de la Sagrada Reliquia de la Vera Cruz, acontecimiento que nunca fue aclarado. Esta desgracia pudo ser superada gracias a la concesión hecha a Caravaca por el Papa Pío XII de dos pequeñas astillas de "lignum crucis" de Santa Elena. La llegada se produjo el 30 de abril de 1942. En los dos días siguientes se improvisaron las fiestas, interrumpidas durante siete años, con la reanudación del Baño del agua en el templete-bañadero de las afueras de la ciudad. Ya se había confeccionado un nuevo estuche-relicario en donde se depositaron las dos astillas, pero la Reliquia permaneció durante tres años en la parroquia del Salvador, ya que el Santurio permanecía en estado de deterioro. Fue el 5 de mayo de 1945 cuando la Vera Cruz sube al templo del castillo custodiada por la Orden de frailes claretianos.

 Tras la dictadura del general Francisco Franco tuvieron lugar las primera elecciones municipales, que otorgaron a Caravaca de la Cruz un alcalde democrático y un alcalde pedáneo a cada una de las pedanías de este municipio. Desde el punto de vista socioeconómico, la caída de la industria alpargatera y la emigración de los años '60 trajeron malos tiempos a la ciudad.

   Caravaca de la Cruz recuperó parte de su vitalidad gracias a la agricultura, la ganadería y la industria del calzado. A ello también ha contribuido en los últimos tiempos la construcción de importantes infraestructuras para la comarca, tales como el Hospital Comarcal o la Autovía hasta la capital murciana. El último empujón lo recibió la ciudad en el año 1998, cuando se le concedió por la Santa Sede el título de Año Santo 'In Perpetuum' cada siete años, siendo el 2003 el primero en celebrarse en Caravaca de la Cruz un año jubilar. Esta concesión convierte a la ciudad murciana en una de las cinco únicas ciudades en el mundo que poseen tal distinción. En apoyo de esta realidad también se creó el consorcio turístico 'Caravaca Jubilar', con el fin de dar a conocer a los peregrinos y visitantes la riqueza patrimonial de Caravaca de la Cruz.